QUE HAY DETRÁS DEL ESTALLIDO SOCIAL EN COLOMBIA

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Las manifestaciones masivas esconden problemas estructurales que afectan a toda Latinoamérica

Apreciados lectores y amigos de CHILENOTICIA de Viña del Mar Chile, la protesta masiva en Colombia es un estallido social por largo tiempo reprimido y que explotó inexorablemente en esta época de pandemia, azuzada por un gobierno corrupto y narco-paramilitar que puso de lado al pueblo que juró defender dedicándose a usar los recursos de la nación para establecer una repartija con su partido política y otros que los apoyaron para llegar a la presidencia y que se unieron en contubernio para apretar el cuello de los más indefensos, fortaleciendo a las fuerzas militares, desviando los dineros de los impuestos para robustecer a la banca sin importar que los medianos y pequeños negocios se fueran a la quiebra y la clase popular pasara mas necesidades de la que ha tenido que vivir por causa de estos gobiernos que los han mantenido oprimidos históricamente.
Me parece importante traerles una visión externa del periodista Andy Robinson de Madrid en un artículo para el periódico la Vanguardia.

COLOMBIA ESTALLIDO SOCIAL

La Colombia del 2021 recuerda bastante al Chile de 2019. Protestas masivas que crecen cada día. Una larga lista de reivindicaciones diversas contra un sistema que ha perdido su legitimidad. Un movimiento de protesta juvenil sin líderes visibles. Violencia y destrucción a manos de grupos descontrolados y una dura represión policial que los está matando aunada con sectores civiles claramente paramilitares.
También el derribo de las estatuas de ilustres personajes del pasado que ya se ven de forma distinta, el último en caer en el centro de Bogotá: el fundador de la capital colombiana, Gonzalo Jiménez de Quesada. Todo lo ocurrido en estos casi dos meses en las ciudades colombianas -sobre todo en Cali- recuerda a Santiago de Chile durante los cuatro meses de estallido social a finales del 2019 y primeros del 2020.

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Hay, sin embargo, una marcada diferencia: tras la pandemia, la situación en Colombia es, si cabe, aún más explosiva que entonces en Chile. La catástrofe sanitaria ha agudizado una crisis latinoamericana ya entonces grave que provocó protestas en Ecuador, Chile y, más tarde, en Colombia en 2019.
Aunque una reforma tributaria que habría perjudicado a las clases medias colombianas fue el desencadenante, todos los comentaristas consultados en Bogotá, Washington y Londres coinciden en que podría haber otras razones.
“La reforma tributaria fue un error de cálculo, pero solo fue la chispa”, dice Mauricio Cárdenas, exministro de finanzas del gobierno del presidente Juan Manuel Santos en una entrevista concedida desde Bogotá.

COLOMBIA ESTALLIDO SOCIAL REPRESION


El gobierno del presidente Iván Duque pretendía elevar la carga tributaria con el supuesto de financiar subsidios a las familias más pobres bajando el umbral del impuesto sobre la renta y subiendo el IVA (que es de por sí, uno de los más altos del mundo) en un país cuya clase media puede cobrar entre 300 y 1500 US$ mensuales – dice Cárdenas-, la reforma provocó indignación. Duque la retiró presionado por las protestas callejeras y cesó al ministro Alberto Carrasquilla. Pero las protestas no solo se mantienen sino que van en aumento.

“Es un síntoma de un malestar transcontinental y no parará en Colombia”, sostiene Oscar Guardiola-Rivera, filósofo colombiano del Birkbeck College en Londres, en una entrevista telefónica. Varios estudios cuantitativos demuestran que las pandemias suelen provocar oleadas de estallidos sociales.
En el país más desigual de la región y más desigual del mundo, “la pandemia ha puesto al descubierto la vulnerabilidad no solo de las clases bajas, sino también de la clase media”, añade. “Los jóvenes han visto morir a sus abuelos, a sus tíos, a sus padres; Colombia carece de un sistema de salud medianamente estable”.
Al igual que en otros países latinoamericanos, crece además la frustración por el bajo ritmo de la vacunación. Solo el 10% de los colombianos han recibido una primera dosis y la tercera ola de la Covid está resultando ser la más letal. Colombia ya registra un saldo de 3.968.405 contagiados y mas 100.000 muertos -en un país de 48 millones de habitantes, bastante parecido a España- y ya casi cuatro millones de contagiados.
La pandemia ha provocado un aumento de la pobreza hasta el 42% de la población, frente al 35% de hace dos años. A diferencia de Jair Bolsonaro en Brasil, Duque ha implementado políticas responsables de confinamiento. Pero el 55% de la fuerza trabajo, que opera en el mercado informal, no puede confinarse si no existen ayudas del estado para que puedan dar de comer a sus familias.
“La reforma como tal no era regresiva”, dice José Antonio Ocampo, exministro colombiano y profesor en la Universidad de Columbia en Nueva York. Pero los colombianos recuerdan la bajada de impuestos a las grandes empresas adoptadas hace dos años y saben que la oligarquía empresarial y financiera colombiana es experta en la evasión fiscal en el país más desigual de América Latina. “Lo que está detrás de las protestas es mucho descontento social y esto se ha agudizado sin duda con la pandemia.”.
Otro factor es el goteo de asesinatos contra líderes sociales, dice Cárdenas. A un año de las elecciones presidenciales del 2022, las protestas serán una plataforma para el líder de la izquierda medioambientalista que tuvo más de ocho millones de votos en las elecciones que ganó Duque con muchas sospechas y escándalos, y que lidera hoy las encuestas por un amplio margen. Pero la derecha -encabezada aún por el “padrino” político de Duque,- tratará de sacar partido también a las escenas de violencia y saqueo que Cárdenas califica de “caos”.
Con la respuesta policial
Según información de Infobae, a mayo, son 222 víctimas de violencia física. 37 víctimas de violencia homicida. 831 detenciones arbitrarias en contra de manifestantes. 312 intervenciones violentas en el marco de las protestas pacíficas. 22 víctimas de agresiones oculares. 110 casos de disparos de armas de fuego. 10 víctimas de violencia sexual, ha echado gasolina al fuego. “La violencia no solo es de la policía, sino del vandalismo y hay grupos de delincuentes metidos en las protestas”, dice Ocampo. “Un amigo en Bogotá tuvo que pagar una vacuna (impuesto revolucionario) en cuatro bloqueos solo para llegar al aeropuerto”.
Por el momento “no hay nada que indique que las protestas van a cesar; tras la respuesta violenta del gobierno se amplía el radio de acción de las capitales a ciudades pequeñas;” dijo Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar en la ciudad fronteriza de Cúcuta.
Esto genera un problema mayúsculo para Duque, igual que ocurrió en Chile. Aunque existe un comité nacional del paro, que no ha sido avalado por los jóvenes protestantes, lo cierto es que, al igual que en el país andino, no tiene estructuras organizativas, ni líderes fácilmente identificados, y las reivindicaciones son múltiples. La juventud está en la vanguardia del movimiento de protesta aunque, igual que en Chile, cuenta con el apoyo de un segmento amplio de la población, el 73%, según una encuesta publicada esta semana.

“Son millones de jóvenes, principalmente mujeres y quieren seguir saliendo a la calle”, dijo en una entrevista Hollman Morris, ex candidato a la alcaldía de Bogotá, director del Canal 3 de TV independiente y líder del “Pacto Histórico” La mesa organizadora del paro no tiene mucha legitimidad porque la integran “líderes sindicales que duplican y triplican al edad de los manifestantes”, añade.
Hay otras similitudes con la protesta de Chile 2019: la reacción de grupos conservadores. Sebastián Piñera intentó culpar a “un enemigo implacable” controlado por la izquierda extranjera. El padrino político de Duque, el mayor azuzador de la violencia ha denunciado una llamada “revolución molecular disipada”, con el fin de “sembrar el caos”, dijo citando una teoría de la conspiración inventada por el neonazi chileno Alexis López para criminalizar el movimiento de protesta en Santiago. Varios líderes del Centro Democrático, el partido que controla el congreso defiendan la declaración de un estado de emergencia que restringiría drásticamente los poderes tanto del parlamento, como de los funcionarios regionales elegidos por el pueblo en las urnas.

Apreciados amigos de la CHILENOTICIA, como pueden apreciar, la situación social en Colombia es muy difícil y con la clara intención del gobierno de no entablar negociaciones con los líderes del paro, no se sabe a ciencia cierta cómo irá a culminar. Lo que es bastante claro es que Colombia necesita un cambio inminente de gobierno. Hasta la próxima semana Buen viento y buena mar.

EDGAR FERREIRA.
CRISTIAN RIQUELME.

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